La inesperada invitada – Parte II

un relato de mitología erótica


La noche avanza con alegría, la joven heredera conversa con otras damas sobre su rol en la política y la influencia de su opinión, su esposo aprovecha para tomar algo de aire en uno de los patios vacíos lejos de la música, algo mareado por el alcohol al que el muchacho no está acostumbrado. Apoyado sobre un cantero mira las estrellas refulgentes en el cielo despejado, sin mucha preocupación en su mente habituado a una vida de comodidad y sin necesidades. Su meditación es interrumpida por la dama de negro que se aproxima de frente, él no sabe bien de donde salió, pero aún se encuentra algo confundido, ella se detiene a un palmo de él y vuelve a asentar su poderosa mirada.

Quería darle mis felicitaciones en persona mi señor. ─la melodía de su voz invade por completo al mozo.

Gra… gra.. gracias. ─titubea al responder consumido por los nervios. ─Le agradezco su… su presencia. Disculpe que no la reconozca… que no sepa… quiero decir, bienvenida ¿Desde donde nos honra con su presencia?

Bueno, siempre estuve presente en estos dos estados, sobre todo en sus relaciones. Por eso es que no podía faltar hoy y traerle mi obsequio.

Ah, claro. Si. Tiene entonces parte en alguno de los acuerdos comerciales.

Podría decirse que me gusta hacer negocios. Proveo cierto… servicio. ─la mujer se acerca mucho y toca al joven desde el pecho al hombro.

Tú quie…. ¿Quién eres? ─él tartamudea sin control mientras los nervios se apoderan de sus rodillas.

Digamos que soy una hija de la noche. ─la dama le murmura al oído dejándolo sentir su aliento. ─Y vine a darle un regalo.

La mujer se separa apenas para desprender su ropaje con un sutil movimiento, las telas se precipitan al suelo y ella completamente expuesta muestra su seductora figura al joven, quien poco acostumbrado a mujeres de tal belleza se paraliza sin poder reaccionar. Ella aprovecha que no puede resistirse para apoyar su cuerpo sobre él, aprieta sus senos contra el pecho, recorre su cuello con la lengua hasta morder el lóbulo de su oreja izquierda, finalmente cuela su muslo entre las piernas de él para confirmar lo que esperaba, una involuntaria erección jovial, firme y poderosa lista para la acción.

Empuja al jovenzuelo hacia una de las bancas de piedra, le arranca la ropa en el mismo movimiento para igualar la situación. El chico cae sentado, ella de inmediato se posiciona sobre la banca, con una rodilla a cada lado de él coge su pene y lo coloca en su vulva, dejando luego caer su peso para llevarlo a su interior. Ya sin voluntad el muchacho no opone más resistencia, disfruta como es montado por la sensual mujer con la que jamás podría ni haber soñado, apenas puede tomarla de la cadera para acompañar su movimiento cuando no puede resistir más y está listo para venirse. Ella se arquea sobre él para llevarlo al éxtasis y en ese momento despliega unas inmensas alas de plumas negras como el carbón que reflejan la luz de la luna. El heredero libera su simiente obnubilado por lo que está viendo, hipnotizado por la imagen sobrenatural que se yergue sobre si.

En un parpadeo las alas ya no están, mientras sus piernas siguen temblando con los últimos resabios del breve acto, la mujer se incorpora con el fluido corriendo por la cara interna de sus muslos y al observar a su alrededor nota las miradas horrorizadas de los testigos, todos los invitados observan el acto de traición, la infidelidad pecaminosa e indudable a instantes de su compromiso, su prometida con lagrimas cayendo por sus mejillas y sus labios tiritando de la angustia, su madre negando con la cabeza muestra su desilusión, su suegro con la furia personificada toma a su hija del brazo y la arrastra fuera del lugar, su padre persigue al otro regente con explicaciones que sabe son inútiles y las consecuencias inevitables.

El joven se para de un salto y corre tratando de justificarse, sucio con las pruebas de la traición ni siquiera puede hablar con claridad, recorre el patio bajo el juicio de los comensales que saben que su estúpido flaqueo echará en balde los avance diplomáticos por lo que tanto esfuerzo hicieron. Aprovechando la confusión la mujer se viste y abandona el lugar con disimulo por una puerta trasera, orgullosa, con una sonrisa dibujada en su rostro.

Afuera del lugar un hombre de imponente presencia, grandes músculos y aspecto rudo las espera sujetando un yelmo dorado.

Ya veo por que no te invitan a las bodas. ─le dice a la mujer que acomoda los broches de su ropa. ─siempre encuentras la forma de sembrar la discordia.

¿Sembrar? No, sólo me encargo de brotar la semilla de lo que ya estaba sembrado. ─replica con seguridad. ─Ahora no tienes que hacer nada más que esperar que de frutos y es tu trabajo cosecharlos.

Por eso eres mi favorita querida Eris.

Ya lo se Ares, que sería de ti sin mi.


Se separa apenas para desprender su ropaje con un sutil movimiento, las telas se precipitan al suelo y ella completamente expuesta muestra su seductora figura…

Publicado por R. R. Insomne

Escritor con problemas para conciliar el sueño, cuando las apasionadas fantasías se presentan durante la noche y deben ser registradas en palabras.

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