Érotique Noir

El manto de la noche cubre la ciudad y la luz del alumbrado público se cuela entre la persiana americana de mi oficina, marcando el clásico patrón a rayas que se proyecta sobre los muebles. Bebo un último vaso de whisky con mi camisa arremangada y mi corbata floja juntando voluntad para volver a casa, cuando el silencio es interrumpido por el sonido de tacones por el pasillo, cada paso más cerca que el anterior hasta que una hermosa silueta femenina se dibuja en el vidrio esmerilado de la puerta antes de golpear tres veces. Tomo de un sorbo lo que queda en el vaso y me dirijo a la puerta, la abro y ahí estás de pie con tu entallado vestido rojo, te recorro con la mirada de pies a cabeza.

─Buenas noches señorita. ¿Qué la trae por aquí a estas horas?

Una prolongada pausa precede al movimiento de tus labios, también resaltados en carmesí, un color tan llamativo que parece ser el único presente entre los grises de mi oficina. Finalmente, mi momento de hipnotismo se ve interrumpido cuando emites palabra.

─¿Desde cuando debo darte motivos suficientes para ganarme la invitación a pasar?

Me aparto a un lado sosteniendo la puerta y haciendo una seña con el brazo para que entres. Entras decidida adueñándote del lugar, te quitas el abrigo para revelarme tu espalda descubierta y me lo alcanzas sin mirarme para que lo cuelgue en el perchero junto a la entrada.

Sacas de tu bolso una delicada cigarrera metálica, coges uno para llevarlo a tu boca. Tomo mi mechero del escritorio junto al cargado cenicero para encenderlo y pillo uno para mi, junto a un vaso extra para ti en el que sirvo otra medida de Scotch barato, tu te apoyas junto a este en el borde del escritorio y una voluminosa bocanada hacia el techo donde el humo danza en el ambiente empujado por el lento mover de las aspas del ventilador.

─Agradezco tu visita, sabes que disfruto tu compañía, pero conoces las reglas, no me meto con la mafia. ─te digo mientras pruebo un sorbo.

─Si si, conozco tus reglas. Sin embargo quizás quieras reconsiderar tu postura. ─respondes mirándome de reojo.

─No me interesa el dinero que puedas ofrecerme, si quieres deshacerte de tu esposo has cómo cualquier buena mujer y cuélale cianuro en su bebida. Malone tiene comprados a todos en este pueblo, intentar incriminarlo de algo sólo va a llevarme a que me maten.

Doy una fuerte pitada nervioso mientras doy unos pasos a tu lado. Me detienen del brazo, luego me tomas de la corbata y me acercas a ti para besarme. Es imposible resistirme a tus labios, hay tanta historia y tanto peligro en ellos que me resulta inevitable caer ante tus encantos cada vez que apareces en mi vida.

─Ahora la situación es… diferente. ─interrumpes el beso para decirme esto mientras mantienes un contacto visual intenso.

─Nunca es diferente. ─espeto mientras trato de mantener la compostura pero insistes en aflojar más mi corbata hasta quitármela. ─Y deja de intentar seducirme para convencerme.

Comienzas de a poco a desabrocharme la camisa, botón por botón con lentitud mientras pones ante mi tu concupiscente escote invitando al pecado. Mi deseo se eleva cómo la leche hirviendo, sabes usar tus cualidades y conoces todos mis puntos débiles. Se que no es más que un ardid para manipularme, pero aún siendo consciente de ello no logro oponerme.

─¿Acaso aún me quedan trucos contra ti? Si no vas a escuchar lo que tengo para decir y no te interesa el trabajo, por lo menos que la visita no sea en vano.

Se que siempre tienes un as bajo la manga y tus palabras son más peligrosas que tus curvas. Sin darme cuenta llegas al último botón, deslizas tus manos por mi torso y quitas la camisa de mis hombros. Abres el tajo de tu vestido, lo subes un poco y te sientas por completo sobre el escritorio rodeándome con tus piernas, dejas caer uno de los tirantes revelando uno de tus dulces pecho al tiempo que tus manos desabrochan las hebilla de mi cinturón. Me muestras tu cuello y comienzo a besarle, recorro tus muslos con mis manos hasta meterlas debajo de tu falda y alcanzar tus bragas, tu bajas mi cremallera, metes la mano para sentir con la palma mi miembro endurecido dejando que tus dedos se aventuren más abajo y por último dejas caer mi ropa hasta mis tobillos. Te cuelgas de mi para levantarte y facilitarme quitarte tu ropa interior, me alejo un poco de ti para deslizarla por todas tus piernas hasta quitarla por sobre tus tacones. Me quito los zapatos y el resto de la ropa, tu tiras al suelo de un golpe todo lo que hay sobre mi escritorio sin preocuparte por los vasos o los papeles, te recuestas sobre él y me recibes sobre ti donde te penetro con fuerza y pasión, embistiendo hasta sacarte eso gloriosos gemidos que me dejaron incontables noches en vela.

Me coges del cabello, me llevas hacia ti para morder el lóbulo de mi oreja y entre los sonidos del placer susurras en mi oído.

─Malone se está muriendo… mmm… le quedan sólo unas semanas… hhmmm.

─¡Silencio! No hagas esto ahora… oooh. ─aumento la intensidad para interrumpir tu discurso.

─¡Oh si! ¡Si, así! … debo decirte… loooo…

─Puede esperar… hm hm hm.

─Mmmmm… va a haber una… una guerra por el poder… hmmm hmm… pero… pero… mmmm… sus negocios legales… su… su… su maquina de lavar dinero. oooh.

─¡BASTA! ─vuelvo a incrementar la fuerza, haciendo que el escritorio se sacuda.

─¡OOOOOOOOH AAAAAHH! ─gritas de placer y me vuelves loco ─¡si si si!

Pierdes el hilo por un momento, pero vuelves a tu argumento.

─No tiene herederos… mm… mm… mmmm… su fortuna… es es es… hm hm hm… mía.

Escucho lo que dice pero no puedo razonarlo, alcanzamos el clímax y me corro con fuerza dentro tuyo, que te vienes también al sentir el calor de mi semen disparándose en ti.


Después de unos minutos de recuperar el aliento fumando otro cigarro te pones de pie, coges tus cosas de la habitación y te dispones a irte.

─¿Por qué vienes a decirme esto? ─te pregunto curioso mientras te observo alinearte.

─Es por… vine a despedirme de ti.

─Entiendo, con tu nueva fortuna podrás irte de esta mugrosa ciudad a tener la vida que siempre quisiste en algún lugar paradisíaco.

Te acercas a mi, me das un largo y apasionado beso, me dejas tus bragas en la mano y te diriges a la salida, antes de cerrar la puerta me miras con un gesto triste y me dices.

─Alejarme de todo esto es lo que más quisiera, pero ese es el sueño de una niña ingenua… nuestro mundo no funciona así. ─haces una pausa con tu mirada hacia la ciudad a través de la ventana. ─No van a dejarme tener ese dinero querido, cuando Malone muera van a matarme. Así son las cosas… Adiós.

Cierras la puerta y escucho el sonido de los tacones alejándose por el pasillo, sopesando en que es probable que sea la última vez que te vea.

─Maldición… ¿Cómo rayos lo haces?

Me pongo la ropa, cojo mi abrigo, mis cigarros y mi arma, bebo el último sorbo de whisky de la botella y corro detrás de ti.


Una prolongada pausa precede al movimiento de tus labios, también resaltados en carmesí, un color tan llamativo que parece ser el único presente entre los grises de mi oficina.

Publicado por R. R. Insomne

Escritor con problemas para conciliar el sueño, cuando las apasionadas fantasías se presentan durante la noche y deben ser registradas en palabras.

5 comentarios sobre “Érotique Noir

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