Un hielo se derrite en tu piel

Es una noche calurosa, en el cielo despejado incontables estrellas acompañan a la luna que nos rocía con su luz azulada. Sentados en nuestra terraza bebemos unos tragos, la hielera transpira junto a los gajos de limón, la velada es enmarcada por una ciudad callada que duerme en su mayoría mientras nosotros trasnochados nos tomamos de la mano como si fuéramos las únicas personas en el mundo.

Las copas se apuran y la botella se vacía, el sudor se presenta sobre nosotros cuando nuestro cuerpo trata de regular nuestra temperatura. Te apartas el cabello mostrando tu cuello, mojas la yema de tus dedos con la condensación de la hielera y acaricias la piel recién expuesta para refrescarte. Tu gesto de alivio y tu pelo cayendo hacia un lado me hechizan y te observo pensando únicamente en cuanto te amo.

Metes ahora la mano completa entre los cubos de hielo que flotan y aprovechas mi distracción para salpicarme con el agua helada. Te ries al ver mi sorpresa y con rapidez te cubres anticipando mi venganza, la cual no se hace esperar y te devuelvo un salpicón más grande. Quieres alcanzar el recipiente, lo cojo para tratar de alejarlo de tí pero eres demasiado veloz y lo tomas por el otro extremo. Forcejeamos para evitar que el otro haga de las suyas, bloqueándonos mutuamente el acceso al contenido, sin notar como el líquido se sacude, desbordándose para empapar nuestra ropa.

Soltamos la hielera en la mesa, un poco de agua se aventura hacia afuera mojando la superficie de la misma. Nos separamos a cada lado y nos reímos, nuestras prendas húmedas alivian el calor, nos miramos desafiantes para ver si la lucha continúa, pero desconfiados decidimos concluirla.

Nos quitamos las camisetas mojadas, tu me alcanzas la tuya para que la cuelgue detrás en otra silla. Me giro y las estiro sobre el respaldo cuando de repente siento un frío gélido descender por mi espalda. Habías tomado un cubo de hielo cuando no veía y ahora lo apoyabas burlona sobre mí. Me doy la vuelta y te cojo, comienza el segundo round en el que intento quitarte el pequeño cubo, pero lo sujetas con fuerza y opones una gran resistencia. Nos trabamos en amistoso combate hasta que nuestros ojos se cruzan, estáticos compartimos la mirada y el forcejeo toma otra intensión. Sueltas el hielo y antes que toque el suelo nos entrelazamos en un beso pasional.

Nos abrazamos con ternura, nuestras lenguas danzan una sobre la otra, reculas hasta chocar contra el borde de la mesa, arrastrándome contigo sin que nuestros labios se separen. Mis dedos recorren tu espalda, sientes las suaves cosquillas que se elevan hasta encontrar el broche de tu brazier, lo desprendo, me empujas un poco para dejar caer los tirantes por tus hombros, te lo quitas y lo tiras a un lado sin darle atención a donde cae, tus dulces pechos se contornean frente a mi y mientras muerdes con sensualidad tu labio inferior me invitas a continuar con una mirada lujuriosa.

Te arrincono nuevamente contra la mesa, retomamos el beso interrumpido con la misma exaltación que lo dejamos. Me abrazas con fuerza trayéndome hacia ti, me demuestras tu lujuria con tus uñas por mi espalda para hacerme sentir que desgarran mi alma. Cojo uno de tus senos y lo masajeo, combino un poco de tacto suave con algo de brusquedad, te tomo de la nuca con intensión de que nuestros labios estén más juntos de lo que están, lo que intensifica el hormigueo que producen.

Nuestras bocas se distancian en busca de aire, pero no soporto más que un par de segundos antes de besar tu cuello, recorrerlo con mi lengua hacia tu oreja y al llegar a tu lóbulo lo muerdo con suavidad. Emites pequeño gemido apenas perceptible cuando sientes una corriente que se extiende por todo tu cuerpo. Me apartas a un lado y te sientas en la silla, invitándome a llevar nuestro acto al siguiente nivel.

Me tomas de la cintura de mis pantalones con uno de tus dedos para que me arrodille a tu lado, te quitas las sandalias con un movimiento rápido y quedas a la espera de que continúe. Remuevo con lentitud el resto de tus prendas para dejarte completamente desnuda, mi excitación aumenta al verte expuesta frente a mi. Cojo una de tus piernas y comienzo a besarte desde los pies, luego el tobillo y continuo en dirección al rincón donde daremos rienda suelta a nuestros deseos.

Avanzo con mis labios por la cara interna de tu muslo, saboreando tu suave piel, tú colocas tus piernas sobre mis hombros, una en cada uno y te posicionas para recibirme. Hago más lento el paso para hacerte desear, te rozo peligrosamente próximo a tu sexo presentando los indicios de lo que se avecina, pero en el momento inminente me volteo hacia la mesa dejando en suspense tu ansia.

Tras la breve pausa, que tu libido elevado hace que percibas como eterna, vuelvo a la postura previa, notas en tus piernas mis caricias y te percatas de mis dedos fríos. Te hallas algo confundida por ese detalle, sin adivinar la causa de la interrupción y lo que sucedería a continuación o ¿Acaso ya sabes lo que está por venir?

Mis labios tocan tu vulva y la gélida sensación te sorprende, irónicamente la leve contracción del frío te enciende y gracias a la temperatura del verano sientes alivio en el calor de tu piel, pero se dispara en el calor de tu interior. Con humedad helada rodeo tu sexo por los bordes externos, hacia un lado y hacia otro, dilatando el deseo de ir hacia adentro. Antes que mi boca pierda su frescura, aventuro mi lengua para tocar tu clítoris y otorgarte un segundo golpe álgido, me quedo masajeándolo con delicadeza hasta que el frío se desvanece.

Cojo un nuevo cubo, jugueteo con el en mi boca para enfriarla nuevamente y antes que se disuelva por completo lo remuevo con mi mano. Voy por ti en un segundo asalto para saborear nuevamente tu dulzura, al mismo tiempo dirijo el hielo erosionado que ya perdió su forma original hasta uno de tu pezones, en el trayecto las gotas que libera al derretirse se precipitan sobre tu torso disparando pequeños estímulos que acometen la travesía a la culminación.

Me incorporo un poco para probar tu pezón que se yergue endurecido y comparto el congelado fragmento con tu otro seno. Acaricio tu parte más baja y me dejas colarme en tu interior para palpar tu humedecimiento. Suspiras demostrándome tu placer, arqueas la espalda y te retuerces en la silla al dejarte llevar por la excitación, acaricias mi cabello y por momentos lo tiras con fuerza, así como te aferras con fuerza al reposabrazos. Me aprisionas intensamente con tus piernas y nuevamente nuestras lenguas se encuentran, señalando que es momento de nuestro lascivo tercer acto.

Me pongo de pie, te aproximas a mi para quitarme mis pantalones e interiores y liberar a mi miembro que se prolonga contiguo a tu rostro, lo frotas con la palma extendida de manera vigorosa, entretanto te paras frente a mi. Vas a la mesa y quitas las pocas cosas que tenía encima para apoyarte en ella, dándome la espalda te inclinas hasta reposar tus pechos sobre la tabla y me entregas tu feminidad dejando en mi la responsabilidad para continuar, haciéndome ver que me quieres dentro.

No hago esperar tus demandas, me posiciono tomándote de la cadera y colocando mi pene en tu entrepierna, que recorre la vecindad de tu vulva hasta encontrar la puerta a tu interior. Te penetro con determinación y exhalas repentinamente cuando me hago lugar en tu vagina, te afirmas cogiendo el otro extremo de la mesa cuando empiezo a moverme adentro y afuera con un ritmo lento. Nuestra respiración se intensifica con nuestra excitación, el sudor se hace presente sin que podamos discriminar si es por culpa del ambiente o de nuestra propia lujuria. La magnitud de nuestro movimiento se amplifica logrando que la mesa se sacuda en cada golpe, tronando contra el suelo al ser levemente arrastrada, su robustez es puesta a prueba por nuestra pasión que, aunque firme, logra que las juntas rechinen marcando el tempo con el que nos convertimos en uno.

Una sinfonía de gemidos, golpeteos, fluidos y madera torciéndose envuelven nuestra lujuria que acelera sin pausa. Con mi dureza en tu interior te aferras con fuerza y descargas tu intensa respiración que irrumpe en la calma de la noche. Tu intimidad me envuelve y me lleva al éxtasis, incontrolable libero mi simiente dentro tuyo, acompañado por mi miembro que alcanza el fondo con múltiples placajes profundos en correlación con las olas de mi eyaculación.

Tu aún no estás lista y me haces continuar, por lo que seguimos enzarzados mientras escurrimos sobre el suelo, ahogas tu gemidos al quedarte sin aliento, presionas la frente contra la mesa, aprietas tus dientes y contraes los dedos de tus pies para dejarte caer en el orgasmo mientras te doy las últimas dosis de me erección. Te contorneas frente a mi descontrolada por tus espasmos hasta que finalmente tus rodillas se aflojan y te dejas caer en la superficie de la mesa, agitada.


La noche nos sigue acompañando tranquila y estrellada, juntamos nuestros asientos y nos abrazamos, desnudos los dos contemplando la luna plateada sobre el telón negro. El aire caluroso de verano nos envuelve, en la hielera metálica sólo agua fría, pero aún es temprano, creo que podríamos abrir otra botella.


Con humedad helada rodeo tu sexo por los bordes externos, hacia un lado y hacia otro, dilatando el deseo de ir hacia adentro.

Publicado por R. R. Insomne

Escritor con problemas para conciliar el sueño, cuando las apasionadas fantasías se presentan durante la noche y deben ser registradas en palabras.

4 comentarios sobre “Un hielo se derrite en tu piel

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea tu sitio web con WordPress.com
Empieza ahora
A %d blogueros les gusta esto: